La Cueva Pintada

En el recorrido del yacimiento destaca el conjunto troglodita, lugar desde el que se podrá acceder a la contemplación directa de las cámaras excavadas y de la propia Cueva Pintada.

Varios puestos interactivos con recreaciones virtuales reconstruirán topográficamente esta zona para tener una idea más aproximada de lo que fue este espacio, altamente alterado por los distintos avatares que afectaron a este conjunto arqueológico en las intervenciones realizadas en los años setenta.

Sin duda, la contemplación del interior de la Cueva Pintada será el momento más intenso y esperado de la visita.

La Cueva Pintada no es un único recinto, sino que forma parte de un complejo más amplio de seis cuevas excavadas por los antiguos canarios en la toba volcánica.

Muchas de las dependencias de este conjunto troglodita conservan restos del almagre que decoraban sus muros y techos.

La cámara principal presenta una planta rectangular y los motivos ornamentales se sitúan en la mitad superior de tres de sus paredes. Éstas fueron revestidas de morteros para regularizarlas y enlucidas con arcillas para preparar la base sobre la que se dibujó y pintó el mural.

Las materias colorantes empleadas eran de origen mineral. Los rojos se obtenían a partir de almagres y los blancos, de caliches quemados, que se combinaban para conseguir otros matices de color.

Los elementos decorativos son geométricos y se ordenan formando una composición simétrica a partir del eje central de la estancia.

Este hecho pone de relieve la existencia de un diseño previo que consiguió dar armonía al resultado final. El significado de esta combinación de triángulos, círculos, cuadrados y ángulos superpuestos nos es, por el momento, desconocida.

Lamentablemente, la escasez de información en torno al momento del descubrimiento, así como los parcos datos recogidos en las primeras actuaciones arqueológicas, impiden determinar con precisión cuál era la función que desempañaba este espacio singular.

En su día, Diego Ripoche refería en su artículo "Carta de París", publicada en El Liberal (1884): 

"La cueva pintada, fue descubierta hará poco más o menos veinte años (...) encontrándose en su interior algunos cadáveres, vasijas y otros objetos que adquirieron algunos aficionados". Es indudable la relevancia de este espacio en el que se unían lo sagrado y lo político, y en el que la carga simbólica constituía un elemento esencial, hasta el punto de que el caserío de Agaldar se articula en torno al complejo troglodita y la cámara decorada.